Capellanes impulsan una diócesis militar

En una de tantas experiencias, alegres y dolorosas, durante los 12 años que sirvió como capellán castrense en Baja California Sur, el padre Gabriel Baltazar recuerda haber visto al humano detrás del uniforme militar cuando recibió esta pregunta: “¿Padre, yo que he llegado a asesinar me puedo salvar?”.

“Sí, porque no lo está haciendo por su propia voluntad, usted está cumpliendo con su deber, y el que obedece —dice San Agustín— no se equivoca. Usted está defendiendo la patria, usted está defendiendo a México, a sus hermanos, no lo está haciendo matar por matar, sino por algo que está defendiendo”, rememora haber contestado.

El sacerdote Leonardo Rojas, presidente de Clérigos Castrenses, completó la idea del padre Gabriel y sostuvo que, de no desviarse de su papel, los militares cumplen con defender a la patria “ante un justo agresor”.

Ambos presbíteros conocen de rangos, honor, modos y disciplinas de los miembros de las Fuerzas Armadas de México por su frecuente convivencia con ellos y una formación especial que han recibido, incluso en países como Colombia, donde se preparan muchos capellanes latinoamericanos.

Pero, al igual que otros miembros del clero católico consultados, dicen conocer del miedo que invade a los nómadas uniformados que sólo cargan con la soledad; saben de la paranoia que los obliga a no despegarse de las armas y los vuelve agresivos, pero lo que más les preocupa son las repercusiones mentales que, muchas veces, los lleva a la muerte.

“En Constitución (ciudad de BCS), donde no hay generales porque es un regimiento, el coronel encargado me recibió muy bien en su oficina  y me dijo: padre, le citamos porque aquí una experiencia es que se nos han muerto varios militares, se han suicidado”, comentó el padre Gabriel.

Datos de la Secretaría de Defensa Nacional, obtenidos por solicitudes de transparencia, revelan que del 1 de diciembre de 2000 al 18 de diciembre de 2013, al menos 197 militares se quitaron la vida.

La Iglesia apunta que los militares, la mayoría católicos, necesitan no sólo de mayor atención sicológica, sino espiritual. Allí intervienen ellos. Sin embargo, también conocen sus limitaciones en un Estado laico y con una Pastoral Castrense de apenas 38 miembros, que se perfila a ser la base para la creación en México de una Diócesis Militar (Ordinariato), como se cuenta en muchos países.

Entre hermanos

Miguel Ángel Alba Díaz, obispo de La Paz, BCS, a cargo de la Pastoral Castrense de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), apuntó que la presión de los militares proviene no del extranjero sino de las calles mexicanas, a raíz de la lucha contra el narcotráfico.

También que eso ha provocado conductas negativas en los soldados, “un estrés postraumático”, y un descrédito de la sociedad hacia las Fuerzas Armadas, e incluso miedo del pueblo a los soldados.

“A las Fuerzas Armadas se les ha encomendado una misión para la que no se les preparó; se les preparó para defender una soberanía, pero no para luchar contra otros mexicanos, no se les preparó para enfrentar a hermanos de su mismo pueblo, a verlos como enemigos”.

Estos factores han provocado que los militares, cuando llegan a las comunidades, “no saben discernir entre los que son narcos y no, porque saben que todo mundo les va a decir que no está involucrado.

“Esto les va acarreando muchos odios, mucho descrédito, mucha desconfianza. Antes nada más veíamos a los soldados en desfiles, un orgullo; en desastres naturales, admirábamos al Ejército. Pero ahorita, el andar patrullando en “X” estado, en Tlatlaya, por ejemplo: que si mataron gente, que si tuvieron la orden de abatir enemigos; en Iguala, que si participaron, que si no. Ya la gente ve soldados y los ve con miedo”, dijo.

Ante el panorama de pobreza en México, el análisis de monseñor Alba apunta a que muchos militares ejercen esa profesión no por vocación o tradición familiar, sino porque es el camino más honesto que les queda para sobrevivir, pues la otra vía es el narcotráfico, a la que se dedican muchos de quienes fueron sus vecinos, amigos de la infancia o familiares.

En el mundo, la asistencia espiritual a los militares como grupo social específico es muy antigua, pues su organización estable derivó históricamente de la consolidación de los ejércitos durante el siglo XVI y sobre todo durante el siglo XVII, explicó el sacerdote Leonardo Rojas.

Hay antecedentes en México de servicio de capellanes militares durante la Guerra de Independencia, a principios del siglo XIX. A mediados del siglo XX, los hermanos Guillermo y Josefina Belloc constituyeron el primer apostolado militar mediante la creación de la sociedad Amigos del Soldado AC.

En 1948, Luis Ma. Martínez, entonces arzobispo primado de México, puso la primera piedra para construir una iglesia en donde se atendieran las necesidades de los miembros del Ejército, en Lomas de Sotelo. Sin embargo fue hasta 1985, durante la 34 Asamblea Plenaria de la CEM, que se designara al primer obispo al frente de la Pastoral.

Obispo castrense

Actualmente, la Pastoral Castrense está integrada por 38 presbíteros y un obispo diocesano que brindan atención a los soldados, empero, el objetivo es erigir una Diócesis Militar con un obispo castrense, como sucede en muchos otros países, como Colombia, Estados Unidos, Perú o Argentina.

El único que tiene la capacidad jurídica de fundar un Ordinariato Militar es el Papa, pues también implica diálogo a nivel bilateral entre la Santa Sede y México para negociar el acuerdo pacta sunt servanda, que refiere lo que debe cumplir cada parte. Es una negociación que se realiza mediante el nuncio apostólico.

“El hecho de que los capellanes acompañen a los ejércitos en sus actividades, tengan misa los domingos en los campamentos, zonas militares, eso sí necesita unpacta sunt servanda, pero en ese acuerdo se negocian los estatutos de qué es lo que se va hacer y cómo se va hacer”, explicó el padre Rojas.

Pero al ser un Estado laico, aún la Iglesia se dice a mitad del proceso, debido a que podría tardar hasta 30 años para que el Vaticano apruebe la fundación de esta Diócesis, que contaría con capellanes repartidos en todas las diócesis del país, pero sólo para atender a los soldados.

“Se necesita una estructura jurídica, canónica y pastoral para que se pueda iniciar un Ordinariato Militar en México (Diócesis Militar), y esta estructura le compete a la CEM presentarla a la Santa Sede”.

El presbítero indicó que no ha habido impedimento para que su actual estructura funcione como una Diócesis Militar bajo el respeto de las leyes mexicanas. Además, se han apoyado mucho de la experiencia internacional.

Cada dos años se lleva el encuentro de la Pastoral Castrense de América Latina y el Caribe, que congrega a obispos militares y delegados de los países que no cuentan con esta figura, como México.

“En México aún no tenemos iglesias parroquiales en las unidades habitacionales, pero junto con monseñor Hilario Chávez Joya, desde 2000 hemos iniciado capellanías militares lo más cercano a las unidades habitacionales militares”, explicó.

GENERAL SE PRONUNCIA POR UNA SANA DISTANCIA

Samuel Lara Villa, general brigadier en retiro, opina que para evitar confusiones en seguir órdenes durante el servicio activo, los militares requieren de mantenerse punto y aparte de cualquier  práctica religiosa; y en este caso, la Iglesia y el Estado deben mantener la sana distancia.

“La ayuda que pueden proporcionar ellos no es dentro de los cuarteles; eso debe ser muy aparte, afuera”, estableció.

De sus tiempos en activo, Lara Villa recuerda que le tocó ver muchos casos de suicidios, los cuales atribuye a la presión del trabajo. El recuerdo más claro que conserva es el de un compañero que se suicidó en Chapultepec.

“Recuerdo uno en el Castillo de Chapultepec, en el destacamento de Guardias Presidenciales. El compañero se sentó en unos ladrillos y accionó su fusil”, señaló.

Sin embargo, no ve que la ayuda que busca dar la Iglesia sea una aportación clave para evitar los suicidios de los soldados.

“Bueno, si el compañero es muy creyente, a lo mejor sí le va  ayudar, pero yo creo que lo que necesita en ese momento es un sicólogo, que eso sí falta realmente en el Ejército”.

Datos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) señalan que tan sólo en 2012 brindó a sus soldados 21 mil 346 orientaciones sicológicas, siete mil 589 consultas clínicas y 68 mil 653 conferencias y apoyos sicológicos.

Excelsior

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Editor: Ricardo A. Mondragón

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