Destacan los ataques terroristas en París un choque de civilizaciones

Desde que el fallecido Samuel Huntington predijo que la política internacional estaría dominada por un “choque de civilizaciones”, su teoría, primero planteada en 1993, ha encontrado algunos de sus partidarios más entusiastas entre los islamistas militantes. Los terroristas que infligieron los asesinatos en masa en París son parte de un movimiento que ven al Islam y Occidente enfrentados en un inevitable combate mortal. 

Los líderes políticos occidentales, por el contrario, casi siempre han rechazado el análisis de Huntington. Incluso George W. Bush dijo que “no hay un choque de civilizaciones”. Y la vida cotidiana en las naciones occidentales multiculturales — la mayoría de las cuales tienen grandes minorías musulmanas — ofrece una refutación diaria de la idea de que diferentes religiones y culturas no pueden vivir y trabajar juntos. 

A raíz de los atentados de París, esta idea central necesita ser reafirmada. Y sin embargo, una reafirmación necesaria de los valores liberales tampoco debería impedir un sobrio reconocimiento de algunas tendencias globales malignas. El hecho es que el islamismo de línea dura está en aumento, incluso en algunos países, como Turquía, Malasia y Bangladesh, considerados previamente como modelos de las sociedades musulmanas moderadas. Al mismo tiempo, los prejuicios anti-musulmanes han entrando en la corriente política en EU, Europa e India. 

En conjunto, estos desarrollos han reducido el espacio para aquellos que quieren contrarrestar la narrativa de un “choque de civilizaciones”. 

Los ataques terroristas, como los de París, tienen como fin promover las tensiones entre musulmanes y no musulmanes. Pero también hay tendencias a largo plazo que han impulsado la radicalización. Una de las más perniciosas es la forma en que los Estados del Golfo, especialmente Arabia Saudita, han utilizado el dinero del petróleo para difundir formas intolerantes del islam en el resto del mundo musulmán. 

Los efectos son ahora visibles en el sudeste asiático, el subcontinente indio, África y Europa. Malasia siempre ha sido presentada como un ejemplo de una nación exitosa y próspera, multicultural, con una mayoría musulmana malaya y una gran minoría étnica china. Pero las cosas están cambiando. Bilahari Kausikan, un exjefe de la cancillería en la vecina Singapur, señala una “reducción significativa y permanente del espacio político y social para los no musulmanes” en Malasia. El escándalo de corrupción que actualmente enfrenta el gobierno del primer ministro Najib Razak ha aumentado las tensiones comunales, ya que el gobierno de Malasia ha vuelto a caer en la política de la identidad musulmana para conseguir apoyo. Un ministro subalterno del gobierno recientemente acusó a la oposición de ser parte de una conspiración global judía contra Malasia. 

En Bangladesh, un país musulmán con una constitución laica, los islamistas radicales han sido responsables de asesinatos de intelectuales, blogueros y editores en el último año. También ha habido un aumento de los ataques a cristianos, hindúes y musulmanes chiítas. Gran parte de esta violencia ha sido perpetrada por ISIS o al-Qaeda

Pero, como en Malasia, el auge del islamismo radical parece haber sido fuertemente influenciado por los Estados del Golfo, a través de la financiación de la educación y las conexiones forjadas por los trabajadores migrantes. 

La retórica anti-musulmana también ha aumentado en EU y se ha convertido en un tema común entre los candidatos republicanos a la presidencia. Ben Carson, que lidera muchas encuestas republicanas, ha dicho que ningún musulmán debería llegar a ser presidente estadounidense; mientras que Donald Trump ha dicho que deportaría a los refugiados sirios que lleguen a EU

La confluencia de estos desarrollos en América del Norte, Europa, Oriente Medio y Asia está alimentando la idea de un choque de civilizaciones. No obstante, la realidad es que los mundos musulmanes y no musulmanes se entremezclan en todo el mundo. El multiculturalismo no es una aspiración liberal ingenua; es la realidad del mundo moderno y tiene que continuar. La única alternativa es más violencia, la muerte y el dolor.

El  Financiero

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Editor: Ricardo A. Mondragón

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